La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos. Jose de San Martín.

Editorial

Por Ana María Valentino
En este mundo cada vez más globalizado la sociedad se presenta día a día más deshumanizada e individualista.
Desaparecen valores e ideales nobles.Nuestros jóvenes estás sin brújula que los guíe.
Sus padres ocupados por sobrevivir o por tener más y más..
Es tiempo de REFLEXIONAR. De mirar hacia adentro y reconocer mezquindades y falencias, es tiempo
de proponernos un cambio profundo, para nuestro bien y el de las generaciones futuras.
EL general José de San Martín no sólo nos legó la libertad como Nación sino que también nos dejó sus enseñanzas de vida.Las Máximas a su hija Mercedes hablan de su sabiduría , su grandeza y su humildad, condiciones que lo caracterizan mas allá de su gloria militar.
Leyendo esas Máximas es posible comenzar a reflexionar sobre nuestras propias actitudes de vida,disponernos a asumir nuestros errores y proponernos un cambio. Comprender que la soberbia y el materialismo desmedido no conducen nada bueno ya será una forma de aportar un granito de arenapara construir una sociedad má s humana y por consiguiente una PATRIA mejor.
Tomemos como referencia las enseñanzas de nuestro General y tratemos de inculcarlas en nuestros niños desde pequeños tal como él lo hacia en su hija Merceditas,y no dudemos que el tiempo dará sus frutos.

lunes, 1 de marzo de 2010

Homenaje al granadero frances Porteu

Entre las tropas que comandaba el por aquel entonces Coronel San Martín, se encontraba un granadero de origen frances de apellido Porteu. Del mismo existe un poema escrito, se dice que se escribio en el mismo lugar de batalla. el granadero Porteu no sobrevivio a la misma pero quedo en la memoria y el corazon del pueblo.
RETORNO A SAN LORENZO

Por Esteban Ierardo



(El 3 de febrero de 1813 el entonces coronel San Martín encabezó al regimiento de caballería de granaderos en su ataque contra los españoles en un paraje frente al convento franciscano de San Lorenzo. Porteau, el granadero mencionado durante el poema y con el que se entabla una imaginaria proximidad, murió en el combate.

Este poema fue escrito en el campo de la batalla)



La mañana sube a la tierra

tras el agua y la floresta ribereña del Paraná.

Por las barracas, por las escaleras y angostos senderos húmedos,

suben los realistas con los cañones

(que vomitan el hierro circular y negro),

y con los fusiles

de las balas certeras.



Siembran el pasto matinal

con sus pisadas hacia el convento erguido bajo su cruz.



Y por el lomo de un caballo

asciende un grillo;

por las botas negras aún se desplaza

en su osada y desapercibida exploración

una hormiga de fogosa voluntad.

Algunos pájaros saltan sobre la esguadaña del templo.

Un hornero recién acaba de concluir

su mansión de barro paciente.



En la rutina de brisas y gorjeos del nuevo día

una lanza de filo seguro corta el aire.

Aire que sangra la ansiedad por el comienzo.

Por el inicio del sueño de una nación.

En este origen, hablarán las espadas

con el viril alarido marcial.



Pero, a pesar de tanta necesaria rudeza,

un corazón de niño sueña en los patriotas.

El sueño de un país de cumbres dignas

y de trigo generoso en cada boca.



Entonces, hoy, en un filamento de pasado

del viejo campo del combate,

se me ocurre escucharte a ti

que dices que me imaginaste deambulando la última noche

por la tierra que hoy será nuestra.

Y me pides que nuevamente te vea

en aquella mañana del 3 de febrero...



En esta mañana

tras el convento de las blancas paredes,

te arenga tu comandante.

A pesar del inminente terremoto de historia que les aguarda,

un color sereno pinta su presencia.

Son muchas las batallas que ya han tronado en su cerebro.

Entonces su voz ya no es palabra sosegada.

Ahora su garganta revienta en el grito;

ahora su palabra es el fuego que se inicia

para incendiar el peligro de no ser.



Entonces, ciento veinte jinetes,

granaderos a caballos los llaman,

arrojan hacia adelante su hombría como flechas incandescentes;

son el pico asesino de un solo pájaro feroz.



Y mientras rozan la planicie

con los cascos salvajes de sus caballos,

los enemigos,

los carceleros aún de nuestro futuro,

les envían dientes negros de dragón,

lo que regalan los cañones en la batalla;

les envían pequeñas esferas penetrantes,

lo que los fusiles ofrendan a la guerra.



Y algunos de los bravos que atacan se detienen.

Un vendaval de dolor se enloquece en sus ojos.

Los otros, llegan con sus caballos furiosos

hasta la boca abierta y confundida de los godos.



Y venas quebradas,

quejidos de muerte,

se apoltronan en la piel mutilada de los invasores.



Son para ellos, los jinetes que atacan,

una avalancha de dioses que gritan victoria.



Pero que no son inmortales.

Pero que no pueden saber qué tan hondo

te taladró el pecho una bala.

Sé que un mar de lodo hirviente

se precipita hacia el fondo de tus entrañas.



Alguna vez naciste y viviste en Francia.

Porteau te dicen.

Eres el único que,

lo mismo que tu comandante,

cruzaste un océano

para ser aquí un ola que ataca.



Ahora, luego de tu hora de guerrero,

contemplas y escuchas la guerra que te merodea

con la música siniestra que cantan

los cuerpos que se combaten.



Un español se te acerca.

Es un casi un muchacho

que corre hacia ti

con una tempestad de terror en la mirada.

Quizá les has provocado un relámpago de compasión.

Quizá quiere ayudarte a que la voz ronca

de la vida que se desmembra

ya no golpee tus oídos.



Entonces, te hunde su bayoneta.

Cerca de tu hígado creo.

Tu agresor grita luego

delante del brillo de una espada.



Y escucho, poco a poco,

los tambores de la victoria

en esas gargantas que, las reconozco,

son las de tus compañeros en la carga frenética.



Y caes pesado sobre la tierra.

Quieras empezar a descansar.

Quieres pedir disculpas

por los hombres,

que el destino y su hoz

te obligaron a silenciar.



Y un desierto frío corre por tus piernas.

Pronto llegará hasta la llama de tus últimos latidos.



Y vas queriendo sólo el silencio

cuando vez por última vez

tus manos afiebradas por un humo rojo;

cuando tus ojos, que aún no se cierran,

ven la altura por la que luchaste,

el cielo de un país futuro

que no sea el cementerio de los sueños.

domingo, 28 de febrero de 2010

sábado, 27 de febrero de 2010

el pino de SanLorenzo

En la localidad de maria juana, provincia de Santa Fe,conmemorando los 150 años del fallecimiento del general Don José de San Martin, en el año 2000, proclamado año sanmartiniano, y mediante la entusiasta inquietud de un grupo de alumnos de 7pmo grado del colegio "Santa María de los Angeles", de dicha localidad, tuvo lugar una sentida ceremonia donde se plantó un retoño del historico pino de San Lorenzo, en un espacio de la plaza pública San Martin, especialmente cedido por la comuna local-
Tras realizar las gestiones pertinentes con las autoridades del convento "San Carlos", de la ciudad de San Lorenzo, y luego de firmar un acuerdo donde quedó establecido el firme compromiso de cuidar y resguardar el árbol, dar aviso si se seca o enferma, y ubicarlo en un sitio donde esté debidamente protegido, la directora de l colegio junto con los alumnos partícipes del proyecto recibieron el precioso obsequio.
El 17 de agosto de ese año autoridades y comunidad en general, con orgullo y emoción asistieron a la ceremonia, donde el entonces Sr. intendente, Dr. Daniel Rosa tuvo a su cargo plantar el retoño del pino histórico.
A continuación se realizó una celebracion en homenaje al Padre de la Patria,con misa a cargo del párroco Oscar Sara,y luego representaciones artísticas ofrecidas por alumnos de las distintas escuelas del pueblo,para manifestar así la alegría y emoción de contar entre nosotros con un pedacito de historia de nuestro país.
Hoy , a casi 10 años de aquel inolvidable día,nuestro pino se yergue orgulloso en la plaza y nos permite recordar que allá en San Lorenzo, el hombre más grande de nuestra hisotoria , descansó y escribió el parte de su batalla.
Iniciatic¡vas como estas nos dan la pauta que es posible sembrar ideales y sentimientos no bles en nuestros jóvenes.
San Martín nos dejó el legado de su amor incodicional por la Patria,todos estamos comprometidos a imitarlo y a perpetuar y difundir su obra a las generaciones futuras.Que asi sea.

jueves, 25 de febrero de 2010

Casi nada....

Un 25 de febrero de 1778 nacía en el pueblo de  Nuestra Señora de los Santos Reyes Magos de Yapeyú - Misiones (Actual Corrientes) , José Francisco de San Martín y Matorras. 

Dejó su brillante carrera militar en España para luchar por la libertad de su país. Creó un Regimiento de Caballería con quienes cruzó la Cordillera de los Andes y liberó tres paises en la América del Sur...

Casi nada...






 

martes, 9 de febrero de 2010

La sagrada misión del Villarino

Existió un buque en la Escuadra Argentina que no fue una nave más. Esta embarcación tuvo una Sagrada Misión , y fue encomendanda por el Pueblo de la Nación Argentina . Su Misión: Nada menos que el de traer los restos del Brigadier General de la Confederación Argentina, José de San Martín , de regreso a casa.


Ocurrió en 1880, el Villarino partía en su viaje inaugural desde un astillero inglés. A esta Gloriosa nave lo comandaba Ceferino Ramirez junto con su Copiloto ,  Daniel Solier quienes,  ese 22 abril , ordenaban soltar amarras rumbo a Buenos Aires y tal vez, no sin antes pedir a Nuestra Señora Stella Maris , Patrona de los Marinos Argentinos, que los proteja en esa singular travesía.

Seguramente , en la tripulación  había una profunda emoción y a la vez, sentían a esa responsabilidad, como una exquisita y muy pesada carga a sus espaldas. Iban a hacer historia. Del otro lado del océano , una nación espectante los esperaban para rendir el merecido tributo a su Libertador.

Durante treinta y dos días surcaría los mares la mismisima identidad de la Nación Argentina , la máxima expresión de entrega y sacrificio por la Patria. Tal vez, ese pabellón era más celeste y blanco que nunca y seguramente, los marinos del Villarino, desfilaban en procesión frente a los restos  , lo miraban y reflexionaban sobre las proezas de ese General correntino; aquel soldado que al mando de las huestes patriotas , cruzó una cordillera y liberó a tres países.
El 24 de mayo de 1880 , la vela mayor del Villarino, fue avistado por los ciudadanos que lo esperaban en el Puerto de Buenos Aires. El General José de San Martín estaba de vuelta en casa. Misión cumplida!!.

El buque Villarino sirvió unos años más en la Escuadra Argentina. Se lo recordará como la Nave que hizo realidad los deseos del Gran Capitán:


"...Deseo que mi corazón descanse en Buenos Aires.."


Rafael Chepoyá
Gran (Res)