La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos. Jose de San Martín.

Editorial

Por Ana María Valentino
En este mundo cada vez más globalizado la sociedad se presenta día a día más deshumanizada e individualista.
Desaparecen valores e ideales nobles.Nuestros jóvenes estás sin brújula que los guíe.
Sus padres ocupados por sobrevivir o por tener más y más..
Es tiempo de REFLEXIONAR. De mirar hacia adentro y reconocer mezquindades y falencias, es tiempo
de proponernos un cambio profundo, para nuestro bien y el de las generaciones futuras.
EL general José de San Martín no sólo nos legó la libertad como Nación sino que también nos dejó sus enseñanzas de vida.Las Máximas a su hija Mercedes hablan de su sabiduría , su grandeza y su humildad, condiciones que lo caracterizan mas allá de su gloria militar.
Leyendo esas Máximas es posible comenzar a reflexionar sobre nuestras propias actitudes de vida,disponernos a asumir nuestros errores y proponernos un cambio. Comprender que la soberbia y el materialismo desmedido no conducen nada bueno ya será una forma de aportar un granito de arenapara construir una sociedad má s humana y por consiguiente una PATRIA mejor.
Tomemos como referencia las enseñanzas de nuestro General y tratemos de inculcarlas en nuestros niños desde pequeños tal como él lo hacia en su hija Merceditas,y no dudemos que el tiempo dará sus frutos.
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viernes, 12 de marzo de 2010

El Caballo Granadero " Chupete "



“Aquí descansan los restos del caballo “Chupete”, último exponente de la raza Orloff que prestara servicios en esta Unidad durante 30 años ininterrumpidos como timbalero”.

1. Así figura la inscripción en una placa recordatoria a quien fue en vida El Timbalero Chupete ( Subofcial Principal)


Esta es su historia....

Con treinta años de servicio ya lo había dado todo, y mostraba la evidente torpeza motriz del intenso y acumulado servicio como integrante de la Fanfarria Militar “Alto Perú”, del Regimiento de Granaderos. De no mediar la intervención de la naturaleza, hubiera sido víctima del inexorable descarte. Pero este caballo “tenía algo más”.

Los hombres de Caballería, acostumbrados al contacto con estos magníficos animales, advirtieron que este compañero protocolario tenía virtudes que lo diferenciaban.

La Jefatura dispuso entonces que el efectivo “Chupete”, tal su nombre, pasara a retiro con el grado simbólico de Suboficial Principal, y que a partir de hacer efectivo ese retiro, podía gozar deambulando libremente y a voluntad por el antiguo cuartel, haciéndose responsables todos los integrantes de la Unidad de su bienestar, y si el animal, en su licencia, elegía otro box para descansar que no le perteneciera, no debía ser molestado.







Cuando mansamente se distendía en la caballeriza, y oía a lo lejos, acordes de la Fanfarria montada que se aprestaba a partir hacia un acto, ladeaba las orejas y en forma rauda e intempestiva se dirigía a reunirse con su tropa, tomando su lugar de timbalero (sin jinete), en la formación, en donde nadie se lo impedía, excepto cuando se lo apartaba y amarraba con un cinto al cuello, antes de traspasar los portones de salida del Regimiento, quedándose con las ganas.

¡Cuántas historias de amistad y respeto fluyeron en torno a este caballo! En la última etapa de su vida, corriendo el año 1992, se desplomaba de cinco a seis veces al día, y los soldados, solidarios con el camarada, lo ayudaban con arneses a reincorporarse. En abril de ese año cayó circunstancialmente en el jardín histórico, y sus lánguidos ojos y rodillas vencidas indicaban que ya no iba a levantarse. La Jefatura con dolor, a poco de conmemorarse el “Día de la Caballería”, ordenó sacrificarlo en ese mismo lugar y allí darle sepultura.

El Suboficial Mayor Oropesa que lo montó todos esos años, fue mudo testigo de esta despedida. Nadie pronunció palabra alguna, sólo había nudos en las gargantas. Y es el día de hoy, que cuando aparece la nostalgia y se evoca al camarada, aparece nuevamente como auxilio la imagen amiga de “Chupete” en el recuerdo, empujando con su hocico la puerta trasera del Escuadrón Chacabuco, en espera mañanera, para que los soldados le sirvan su ración diaria de mate cocido y pan en su balde, que comparte como de costumbre junto a ellos. La placa de homenaje en el Jardín Histórico dice: “Aquí descansan los restos del caballo “Chupete”, último exponente de la raza Orloff que prestara servicios en esta Unidad durante 30 años ininterrumpidos como timbalero”.

 Fuente  : Granaderos reservistas.

lunes, 25 de enero de 2010

El Granadero y el Presidente...

Un día estaba apostado de cuarto vigilante al cuidado de las armas en la Residencia Presidencial de Olivos, mientras en forma sigilosa, fumaba sin que nadie me mire. La ansiedad de fumar eludía la prohibición de hacerlo estando de guardia. De pronto, sorpresivamente se aparece delante de mí el Presidente de la Nación Alejandro Agustín Lanusse, quien en el pasado fuera Jefe de Regimiento de Granaderos.



Me hace seña para que me acerque hacia él. Yo abandono mi puesto de guardia, mientras rápidamente apagaba el cigarrillo, y al llegar al lado del Presidente me ordena la misión de ir a buscar al Jefe de custodia de las motos. Regreso del encargo cumplido y vuelvo a ocupar mi puesto de guardia.
Al cabo de un rato, el Presidente Lanusse nuevamente se hace presente y me pregunta: -¿Granadero, usted estaba fumando?
-¡Si! Le contesté.
-¿Y tiró usted el cigarrillo?
-¡No, mi General!, le dije con temor, ¡Lo guardé porque era el último que me quedaba!-

Entonces el Presidente se abrió el saco, metió su mano en un bolsillo interno y me obsequió un atado de cigarrillos “Kent” importados.

Testimonio: Granadero Oscar José Tito (Clase 1951) 
Texto: Pedro Alberto Urueña – Vicepresidente de la “Asociación de Granaderos Reservistas de la República Argentina”

lunes, 7 de septiembre de 2009

Anécdotas Sanmartinianas...

 



El mismo San Martín ha dispuesto que ningún oficial pueda entrar al laboratorio de mixtos con botas herradas y espuelas . Hay un centinela a la puerta del laboratorio para hacer cumplir la orden . Un día San Martín pretende entrar , contraviniendo lo dispuesto , y el centinela lo detiene .
El general acata la orden del centinela. Insiste otro día y la escena se repite. San Martín va humildemente , se viste de brin , se quita las botas , se calza de alpargatas y vuelve al laboratorio : el centinela entonces lo dejó pasar y San Martín entonces lo premió con una onza de oro.

(Ricardo Rojas: El Santo de la Espada)

Un oficial ha jugado y perdido cierta suma perteneciente a la caja del ejército: pide hablar con San Martín  y le dice que va a hacer una confidencia al caballero. Cuando la confesión concluye , ante la pesadumbre del habilitado y sus promesas de enmienda , San Martín le entrega una suma para que reponga lo perdido , y añade: " Entregue ese dinero a la caja , pero guarde el secreto , porque si el general San Martín llega a saber que usted ha revelado lo ocurrido , lo mandará a fusilar".

( Ricardo Rojas: El Santo de la Espada)

En 1817 un vendedor ambulante entró en el patio de la residencia del Sr Solar en Santiago de Chile . El dueño fue a recibirlo y volvió diciendo que había comprado unas gallinas gordas.
En realidad , el supuesto pregonero era un espía de San Martín , que llevó un papel con la siguiente noticia:
" 15 de enero . Hermano S. mando por los patos 4.000 pesos fuertes; dentro de un mes estará con ustedes el hermano José ".
La cifra se refería a la cantidad de soldados y en el hermano del mensaje se escondía el General José de San Martín.

( Nicolás Cuello: Anecdotario y directivas de San Martín )

 
Cuenta el general Mitre que un Fraile predicaba contra el Libertador haciendo un juego de palabras. 
"¡ San Martín!. Su nombre es una blasfemia" , había aclamado desde el púlpito, " no llaméis San Martín , como a Martín Lutero , el peor y más detestables de los herejes". 
Llamado a su presencia - continúa Mitre - , con ademán terrible, fulminándolo con su mirada , le dijo:
 " ¡Como usted me ha comparado con Lutero, quitándome el San. 
¿Como se llama usted?"
"Zapata , Señor general", respondió el Fraile, humildemente .
"Pues desde hoy le quita el Za , en castigo , y lo fusilo si a alguien le da su antiguo nombre".
El Fraile aterrado , se tapó la boca y dijo en voz baja:
" No , no soy el Padre Zapata, sino el Padre Pata".

( Nicolás Cuello: Anecdotario y directivas de San Martín)